Tu escuela de yoga en Petrer y Elda

 

A cierta edad, el cuerpo empieza a decaer. Si no hacemos algo, dejamos incluso de suministrar sangre a zonas que antes sí las suministrábamos. Al realizar ásanas (posturas) hacemos que la sangre nutra las extremidades y las profundidades de nuestro cuerpo, de forma que las células se mantengan sanas. Pero si decirmos, “no, yo ya estoy viejo” la circulación sanguínea se retira. Si la lluvia no cae, sobreviene la sequía y la hambruna y si no hacemos yoga, si no irrigamos el cuerpo, al producirse en nuestro cuerpo la sequía o la hambruna en forma de enfermedades incurables, nos limitamos a aceptarlas y nos disponemos a morir.

¿Por qué dejar que llegue la sequía cuando podemos irrigar el cuerpo? Si no pudiésemos irrigarlo, eso ya sería otro cantar. Pero cuando es posible irrigarlo, deberíamos sin duda hacerlo. El no hacerlo permite que las fuerzas ofensivas aumenten y que las fuerzas defensivas mengüen. La enfermedad es una fuerza ofensiva; la energía interna es una fuerza defensiva. A medida que crecemos, el poder defensivo va a menos y el poder ofensivo a más. Así es como las enfermedades se introducen en nuestro organismo. Un cuerpo que lleva a cabo una práctica yóguica es como un fuerte que mantiene alto su poder defensivo, de modo que el poder ofensivo en forma de enfermedades no puede introducirse en él a través de la piel. ¿Qué prefiere usted? El yoga ayuda a mantener el poder defensivo en un grado óptimo, y eso es lo que se denomina salud.

BKS IYENGAR