Meditación en la respiración
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Meditación en la Respiración

Un Cuentecillo para aprender a Meditar

Había una vez un hombre que era discípulo de un gran Maestro, un Guru de infinito

Conocimiento que había alcanzado la Iluminación a través de la Meditación en la

Respiración. El discípulo estaba muy frustrado porque había intentado durante veinte años

ser como su Maestro. Pero tenía tantas cosas a sus espaldas, tantos obstáculos, tantos

quehaceres diarios: su familia, sus amigos, su trabajo, dinero, deudas... De todos modos

llegó un momento en su vida en que se sintió perdido. Había peleado tanto para nada.

 

Un día se acercó al Maestro y le dijo: « Por favor, tiene que ayudarme, usted es tan sabio.

.puede hacer cualquier cosa. Hay tantas cosas que me impiden avanzar que me siento

ahogado. Por favor ayúdeme».

Se debe recordar que cualquier cosa que hace el Maestro es debida a una gran Compasión

hacia el discípulo, tal y como lo haría cualquier ser iluminado.

Así que el Maestro le dijo: «Bien, puedo ayudarte. Te daré un demonio que te ayudará

cuidando de tu vida; cualquier cosa que le pidas a este demonio la hará. Así te ayudará con

tus tareas y tu vida será más manejable. Pero, por favor, recuerda esto: debes mantener este

demonio ocupado y activo. En cuanto no está ocupado tan sólo un minuto, es su naturaleza

empezar a hacer travesuras; podría incluso destruirte».

«De acuerdo», dijo el hombre, «me llevaré al demonio. Y no se preocupe porque tengo

tantas cosas que hacer todos los días que nunca estará parado».

Y así el hombre se llevó al demonio a su casa, e inmediatamente lo puso a limpiarla y

repararla. El demonio arregló y limpió todo en un notable corto periodo de tiempo. Después

pintó toda la casa. El hombre estaba sorprendido, pensó que le llevaría más tiempo.

« ¿Qué más debo hacer?» preguntó el demonio.

Así que el hombre le dijo al demonio que le ayudara con las cuentas de los negocios que

llevaba y con la contabilidad.

«Arréglame el coche», dijo el hombre. El demonio lo hizo.

«Hazme algo para comer».Hecho.

«Lava los platos». Hecho. «Ahora tráeme un taza de té», dijo el hombre. Y así como lo

decía, el demonio le trajo la taza de té.

«Quiero más comida», dijo el hombre. Y sin mediar espacio de tiempo allí estaba la

comida.

Ahora el hombre estaba cansado y le dijo al demonio que quería echarse una siesta.

« ¿Qué debo hacer?», preguntó el demonio.

«Puedes pintar la casa», dijo el hombre.

«Ya lo he hecho», respondió el demonio.

« ¿Has arreglado el coche?», dijo el hombre.

«Hecho, todo hecho», contestó el demonio.

«Bien, entonces siéntate ahí y yo me echaré la siesta». 

"Pero yo tengo que hacer algo. Si no tengo nada que hacer, entonces te tendré que comer" Alarmado el hombre saltó de la cama. Se devanaba los sesos y no podía pensar en nada mas para mantener ocupado al demonio. Por otro lado, si pensaba en algo, el demonio lo hacía incluso antes de que pudiera pensar en los siguiente. Estaba aterrorizado. No quería ser comido.

Así pues rápidamente cogió al demonio y se fue a buscar a su Guru.

"Maestro, maestro", grito "por favor llévese a este demonio otra vez. No puedo pensar suficientes cosas para mantenerlo ocupado. Apenas le digo algo y ya lo ha acabado. Y ahora dice que va a comerme".

El Maestro se rió. Pero no era una risa burlona, se reía con un gran Compasión. Podría decirse que era una risa cósmica. Así que le dijo al demonio "¿Ves aquel árbol de allí?"

"Sí"  contestó el demonio.

"Ve y sube al árbol. Luego baja, luego sube, luego baja. Sigue haciendo eso hasta que yo te diga que pares" El demonio lo hizo.

Y he aquí la gran lección que el Maestro le dio a su discípulo: el árbol es tu respiración, dentro, fuera, dentro, fuera. El demonio es tu mente. Mantén ocupada tu mente y enfocada sobre tu respiración, dentro, fuera, dentro... y con el tiempo tu mente se marchará a algún otro sitio y tu verdadera esencia ocupará su lugar.

Extracto de la revista Manda. Octubre/Noviembre 2006 

 

 

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