| cuencos tibetanos |
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He aquà la razón para mantenernos receptivos a los nuevos sonidos, a menudo procedentes de Oriente, que, como la repetición discreta de mantras o la meditación, pueden devolver la quietud a nuestra mente en la paz de nuestra casa. Las campanas tibetanas carecen de badajo, tienen forma de cuenco o recipiente y su diámetro y espesor es muy variable. Se tañen frotando con una baqueta en la parte exterior en cÃrculos uniformes, en el mismo sentido o en sentido opuesto después de que se ha conseguido la vibración. También percutiendo en el exterior o en el interior. Las baquetas son de madera especialmente dura y pueden terminar en fieltro, goma virgen u otro material blando que atenúe el golpe y acentúe los armónicos. Se consiguen sonidos especiales cuando se tocan varias campanas a la vez. No hay campanas que suenen mal juntas pues se armonizan entre sà sin que se pueda explicar por qué. Lo mismo ocurre con varias campanas percutidas una tras otra, aunque se pueden hacer asociaciones más o menos agradables. Cuando se tocan varias campanas el sonido resultante es algo más que la suma de los sonidos. Además, si una de ellas no se toca, acercando el oido se comprobará que suena por simpatÃa. Si se aproxima la boca abierta a una campana que suena y se modula la apertura de los labios, se obtendrán sonidos peculiares; la cavidad bucal actúa como caja de resonancia. Se trata de sonidos que hasta ahora no habÃamos tenido la oportunidad de oÃr. La riqueza de armónicos de las campanas tibetanas, la intensidad con que éstos suenan y su persistencia después de que el sonido fundamental se va debilitando, las hacen prácticamente incontrolables dentro de la escala diatónica. Por eso tener campanas tibetanas supone dejarse llevar a experimentar el sonido, improvisando y descubriendo al margen de nuestros hábitos auditivos y de las pautas de la música occidental. Para comprobar cómo se produce esta experimentación de manera espontánea, basta dejar campanas a un niño. Los budistas zen las utilizan para la meditación. Cuando se sientan a meditar, una vez en la postura adecuada, dan un golpe ligero a la campana con el que inducen la concentración. El efecto de vibración de la campana es percibido por todo el cuerpo si éste se coloca en actitud receptiva. Se acentúa la percepción si la campana se aproxima a una zona determinada del cuerpo. De aquà el uso terapéutico de las campanas. El musicoterapeuta holandés Hans de Back rodea de campanas a su cliente tumbado boca arriba y también se las coloca por encima del cuerpo haciéndolas sonar por percusión y frotación una a una, por secuencias o grupos. Se pueden llevar a cabo aplicaciones terapéuticas con las campanas individualmente o en grupo. Una zona del cuerpo particularmente sensible a la vibración es el plexo solar, que suele alterarse en momentos de tensión. La vibración la relaja y descongestiona. Otra aplicación consiste en sostener la campana en la lÃnea de los chakras, desde el pubis al entrecejo, haciéndola sonar paulatinamente de abajo a arriba, estando el receptor en postura de relajación. A caballo entre la terapia y la fruición estética está el concierto de campanas tibetanas. El español Antares, que posee campanas de todas las dimensiones y posibilidades, ofrece conciertos al cabo de los cuales los auditores no sólo han gozado de una sesión de otro tipo de música sino que se encuentran liberados de tensiones y relajados. Él sostiene que tocar campanas conduce a liberarse del pensamiento y las propone como medio de encuentro. El TÃbet es la meseta más elevada y extensa del mundo. Ocupa siete veces más espacio que España. En ella viven un millón y medio de personas, muchas de las cuales practican aún una agricultura de subsistencia y todavÃa quedan nómadas en las «thang», que son grandes llanuras de escasÃsima vegetación. Mucho tiene que ver la economÃa tan precaria, la altitud la irradiación de la tierra y la escasez de vegetales, animales y hombres en la profunda espiritualidad de estos pueblos. |
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